Saltar al contenido
Sebastián Reyes PolancoPsicólogo clínico / psicogamer
Reflexiones
12 de septiembre de 20263 min de lectura

Yuffie no es cómica. Está actuando.

Alerta de spoilers: este texto habla de Final Fantasy VII Remake INTERmission (2021), el episodio DLC protagonizado por Yuffie Kisaragi, dirigido por Naoki Hamaguchi y Motomu Toriyama para Square Enix.

Yuffie no es cómica. Está actuando.

Alerta de spoilers: este texto habla de Final Fantasy VII Remake INTERmission (2021), el episodio DLC protagonizado por Yuffie Kisaragi, dirigido por Naoki Hamaguchi y Motomu Toriyama para Square Enix.

Empecé INTERmission esperando un descanso. Después de cerrar el Remake con una Torre Shinra devorada por fuerzas metafísicas y un Presidente suplicando por su vida, la promesa era otra: una ninja de dieciséis años, hiperkinética, con un disfraz de moguri y chistes cada dos líneas. Descanso cómico antes de Rebirth. Eso decía la promoción, y en parte cumple.

Pero llevo un par de horas de juego y ya no estoy tan seguro de que Yuffie sea, en el fondo, una respiración.

El disfraz que sí importa, y el que no

Hay un disfraz literal en este episodio: el traje de moguri que usa para infiltrarse en Midgar, guiño directo a Dirge of Cerberus (2006), donde Vincent Valentine la ve vestida igual en Nibelheim. Ese disfraz es de utilería. El que me interesa es el otro.

Yuffie viene de Wutai, una nación que perdió una guerra contra Shinra y quedó despojada de prestigio y de materia — el recurso que en este universo equivale, más o menos, a soberanía tecnológica y espiritual a la vez. Su padre, Godo, gobierna sobre esa derrota. Y ella se lanza a Midgar a robar materia de vuelta, con la excusa declarada de restaurar el honor de su tierra.

Hasta ahí, la lectura obvia: patriotismo adolescente, aventura de espionaje, ninja simpática. El juego mismo la vende así. El problema es que, mirado con un poco más de atención, esa "misión heredada" no tiene nada de elegida. Es la derrota del padre, convertida en tarea de la hija, sin que medie en ningún punto un adulto que la acompañe a procesar qué significa cargar con eso a los dieciséis años.

El chiste como armadura, no como carácter

Acá está lo que más me llamó la atención de jugarla: la irreverencia constante, la falta de filtro, el ritmo hiperkinético — todo eso funciona, narrativamente, como comedia. Pero clínicamente funciona como otra cosa: blindaje. Es difícil sentir el peso de una misión de restauración nacional cuando quien la porta está todo el tiempo saltando, robando cosas por diversión, burlándose de sus propios aliados. El humor no contradice la herida. La tapa. Y la tapa tan bien que el propio diseño del episodio casi logra que uno se olvide de que hay una herida ahí abajo.

Hay un dato que el juego no subraya pero que, jugado con atención, se nota: Yuffie tiene poco escrúpulo con sus aliados en estas primeras horas. Manipula, roba, se mueve con una lógica de "el fin justifica los medios" que en un adulto uno leería sin dudar como un rasgo antisocial en desarrollo. En una adolescente que absorbió una herida nacional que no eligió, sin ningún testigo lúcido que la ayudara a trabajarla, se lee distinto: no es maldad, es descontrol. Es lo que pasa cuando a alguien le entregan una misión de reparación pero nadie le enseña los límites de cómo llevarla a cabo.

El personaje sin arco resuelto

De todo el elenco que vengo analizando en este proyecto, Cloud con su identidad trasplantada, Hojo sin ningún vínculo que capturar, la dinastía Shinra transmitiendo poder vacío de generación en generación— Yuffie es la única pieza que todavía no sé para dónde va a caer. No fue capturada por otro, como los casos que vengo trabajando. Tampoco recibió una transmisión generosa y sana, como la de Zack a Cloud. Recibió una herida heredada, sin mediación adulta, y todavía está decidiendo (jugada tras jugada), chiste tras chiste — si eso se va a convertir en algo propio y sano, o en una repetición compulsiva de la derrota que salió a vengar.

Llevo apenas dos capítulos. No sé cómo termina su arco en este episodio. Pero por primera vez en todo este run, tengo la sospecha de que el alivio cómico es la parte menos honesta del personaje, y que lo que hay debajo merece que alguien —dentro de la ficción, o afuera, mirándola con ojo atento— la mire un poco más de cerca.